El perro y el hueso

febrero 8, 2007

Me aferro a su recuerdo como un perro a su hueso. Lo tengo enterrado bajo un árbol, y cuando nadie me ve lo desentierro y lo lamo un poco, y vuelta a enterrarlo. Ya casi no queda hueso que roer, es a saliva y a tierra el gusto que siento, y persistir es una manera de hundirme en el estancamiento, de impedir el cambio.


Imagen

febrero 7, 2007

Y dicen que me quieren y me extrañan, pero yo no soy el yo que creen, quieren y extrañan a la persona que se inventaron o que yo creé para ellos. Porque también tendría que hacerme cargo de cierta imagen que proyecté y vendí con todo y pochoclos. Finalmente no soy tan sociable y con muy pocas personas dejo de sentir la rigidez de la máscara que me protege pero también me obliga a forzar el gesto. Digamos que en esos casos la máscara, que nunca deja de estar, se minimiza, se adelgaza hasta volverse casi transparente.


La pena

febrero 6, 2007

Son largos los días cuando uno espera. Por eso es mejor no esperar y cambiar de acera, ir caminando por el solcito y alejarse, dar la espalda. Se siente una liberación. Es triste, sí, dejar todo eso atrás. Pero también puede pensarse en lo dulce que es alejarse e irse rascando la pena, solo. Con el gusto de saber que la mano que rasca es la de uno


Demarcación de territorio

septiembre 21, 2006

Dormirse en la fragmentación es lo más difícil de superar. Se hace cuesta arriba coser con puntadas invisibles los retazos resecos que se deshilachan. Mis últimos días han sido de silencio abandónico. Comer tostadas y callar, fumar despacio y dejar de escribir, encerrarme a leer y rendir toda voluntad de pertenecer al mañana. Pero la rabia insana mantiene el agua tibia de la resurrección, uno se convence que en realidad se está guardando para la reapertura.  

Recordé un diálogo que tuve una vez con un amigo, que era tan inteligente como cruel, como si estos adjetivos fueran capaces de sentirse sinónimos.

Mi amigo era hombre y no aceptaba mi argumento cívico-político acerca de consider a los putos sus iguales.  

-No podemos ser iguales ante nada, apenas admito la igualdad de derechos civiles en el sentido más frío de la ley, pero no puedo convivir con ellos como pares, porque ¿sabés cual es la diferencia abismal que nos aleja?

– No, ¿Cuál?

– La diferencia es que yo paso y los veo parados ahí, y pienso que ese tipo está esperando que le partan el culo, me entendés, el culo, para ser feliz.  

 

  


Operaciones

septiembre 3, 2006

El libro de Shortage me hizo reflexionar sobre esto que hago todo el tiempo. Tomo con mis pinzas de extrañeza lo cotidiano, lo anestesio y lo extirpo de mí para mirarlo como a un bicho. Ahora mismo escribo sobre mis pensamientos como si le pertenecieran a otra persona, esto es, casi como si dijera que saco mi mente fuera y observo lo que pienso, pienso sobre lo que pienso. Pero no es así, sería más justo decir que tecleo sobre lo que pienso, pongo lo que pienso en la mesa de operaciones y le escribo encima, sin volver a pensarlo, en una carnicería a ciegas, para sacar todo eso de mí que parece que explota pero al final no es nada, fuegos de artificio. También hago eso con las relaciones: todo es pasado por papel (¿secante?).


Panic Attack

agosto 31, 2006

p_attack.jpgEn estos días estoy leyendo un librito sorprendente.
“Panic Attack. Historia breve de la estupidez y otras tendencias humanas” de Lester Shortage, que prometo ir traduciendo con dificultad y en la medida de mis posibilidades.
Precisamente en el prólogo, a cargo de Leticia Braund, aparecen leves datos del autor, quién como otros, ha decidido mantenerse al margen de toda espectativa en cuanto a su vida privada. Justamente a la inversa de mis propósitos.
Ante la urgencia de no perder este dato, transcribo un párrafo en el idioma original:

…”Whereas for most writers a novel begins to grow and to take life during the process of writing, this process for Lester Shortage is merely the stage execution of the already highly perfected design. Rather than trying to create the illusion that art is life, he prefers to emphasize the novel’s mode of existence -and its insertion into life- as an artifact, a product of the human mind, a response of the human intelligence, seeking meaning in order, to the challenge of life with its neutral complexity, infinity and chaos.”…

La novela como vida, la vida como novela. No está mal. O sí?


Cerámica

agosto 30, 2006

Hay días en que los que me siento toda incrustada. Muchas partes de mi cuerpo me parecen incrustaciones, y me lleva un buen rato recuperar la integridad. A veces la única manera es teniendo sexo: que alguien me toque, que alguien me recorra hambriento, mientras yo en lo único que pienso es en como cada una de las incrustaciones vuelve a refundirse en mí. No sería mala idea llamarlos mis días cerámicos.
Casi siempre empieza por los labios. Siento como si alguien hubiera amasado dos bordes plásticos y me los hubiera anexado aquí y allá. No sirve de nada tocármelos en la oscuridad. No hay caso, a través de otro aditamento –los dedos- jamás podrían volver a mí. Luego se desencadena un efecto dominó. La nariz empieza a ser un cono, y las fosas nasales dos orificios practicados con enferma precisión. Me asomo al espejo, inclino la cabeza hacia atrás y trato de ver si tiene fondo. Luego paso a los dos ojitos de muñeca, dos piedritas engarzadas con un alfiler. Las orejas, dos platos de cerámica adosados. Otra vez un orificio. Otra preocupación. Los pelos, desparramados al tuntún sobre mi cuerpo, en el pubis agregaron un poco más: paf, paf… palmaditas de artesano. ¿Si saco todos los aditamentos quién soy? Demás está decir que son días terribles. Hasta que me doy cuenta de que tengo que salir.
Cuando estamos en la cama me voy refundiendo en partes. La cama es un horno, cerámica soy. Puedo percibir la extrañeza del partenaire cuando me recorre y me ve llorar, o me ve quedarme como una gata restregada en su caricia sanadora.
En general no entienden nada. Cuando son mujeres, será por intuitivas, descubren un poco más.