Allí están y nada dicen. Dicen combinatorias de ello o de aquello, pero no me sueltan.
En la mañana puedo disponer unos hábitos, principios de costumbres y me dejo llevar. Algo rojo.
Será demasiado.
Ese naranja, no. Pero si lo solapara con el verde, profundamente me confundiría con el empapelado. Exito a escala victoriana o posterior, incompatible con casi todos los cuartos menos este.
Maringold es un himno a un cardo, a una yerbera o todo lo que desfile en mi ignorancia sobre las flores. Pero solo las más tiesas se dejan retratar por el antojo de un taxidermista estético y entonces comienzo a pensar de la cintura para abajo sobre qué me puede faltar.
Trampantojo
Agosto 29, 2006Confidencial
Agosto 29, 2006Me pregunto si la vida debe ser confidencial. Qué poner del lado de la confidencia, en todo caso. Por lo pronto mi nombre, mi sexo, mi estado civil. Con sexo, estado y confidencial podría hacer una buena broma, pero no estoy de humor. Fue una noche espantosa. Pensé que del espejo no volvía. Jamás hubiera imaginado que la frase “hay cosas de las que no se vuelve” se refiriera con exactitud a las cosas, a la más pura materialidad, ésa que es tan banal como una copia. La imagen nos aliena. Nos vemos particulizados o nos creemos integridad. Cualquiera que sea sincero consigo mismo sabe que no es así. Sólo las palabras nos pueden devolver algo de verdad. Hay días en que me apercibo coloide, imposible de uniformar. Otros días –los mejores– solución: soluto y solvente indisolubles salvo una catástrofe mayor. Pero ni en el mejor ni en el peor de los días me atrevería a soñar con un espejo que me responda sobre esta química aberrante que me turba: este tan–ser de hombre, este ser–tan de mujer.
Merienda del espejo
Agosto 28, 2006Fue una noche que me quedé sin café. Recuerdo que por primera vez sentí la inundación de una fiebre líquida. Se llenó mi habitación de olas y todo se volvió pura flotación. En cuanto pude secarme escribí un poema, al que sólo me animé a leer después de varios días de vergüenza y negación:
La palabra
es la masacre del silencio
La escritura
el aniquilamiento del rostro
y siempre
una confirmación irrevocable
Me consagro a la confusión
mi cuerpo
es una siembra de vapores
que pide regar y ser regado
exige confesión
y me cuenta sus horrores
Lo absuelbo
seré capaz de lamerle las heridas
de hacerme cargo de sus grietas
de su voz de aurora boreal
de sus lomas con pinares
Sin la punición
soy el defecto
En la arena
estoy inmóvil
siento que me queda
todo por nacer
Soy el rayo
una merienda del espejo
un feto en fetas
Miedos
Agosto 28, 2006Tengo susto y me mortifico porque todo el mundo se me parece. Es una cuestión que me preocupa demasiado. Me alarma. No es sólo un problema de conciencia. En el fondo de mi conciencia yo sé que todo el mundo se parece a todo el mundo, pelo más, pelo menos. Pero sin embargo me resisto a aceptar las semejanzas. He meditado esto con calma. ¿Acaso los demás nos perciben estos parecidos? ¿No los mortifica tamaña nivelación? ¿No sufren calladamente tremendas humillaciones al ver los vicios propios en los otros? Es posible que simplemente se hayan habituado. Que la serenidad y la indiferencia que muestran sea sólo apariencia. Imperturbables. No quiero forjarme ilusiones vacías o autoengañarme. Trato de ver las dos caras de la moneda. Todas las personas tienen un asombroso parecido conmigo.
Acerca de la multiplicidad
Agosto 28, 2006Me cuesta creer en este desierto. Sin embargo, debo: está acá y acá, todo alrededor y adentro, ineludible. El viento lacera, todo lo roe, no deja nada en pie para aferrarme. Paradójicamente, esta inmensidad me condena a la quietud, como una cárcel apretada alrededor del cuerpo, encorsetándome. Intento fundirme con la arena, desplazarme con el viento, volverme múltiple. Cómo me gustaría que cada partícula de mí descompusiera la luz en innúmeros colores. En la división de la división me volvería un dibujo borrado por el tiempo y el espacio, esas ficciones. Pero soy lo inmóvil y más: lo inconmovible. Soy el desierto, nunca la arena.
Escrito por René
Escrito por René
Escrito por René