Demarcación de territorio

Septiembre 21, 2006

Dormirse en la fragmentación es lo más difícil de superar. Se hace cuesta arriba coser con puntadas invisibles los retazos resecos que se deshilachan. Mis últimos días han sido de silencio abandónico. Comer tostadas y callar, fumar despacio y dejar de escribir, encerrarme a leer y rendir toda voluntad de pertenecer al mañana. Pero la rabia insana mantiene el agua tibia de la resurrección, uno se convence que en realidad se está guardando para la reapertura.  

Recordé un diálogo que tuve una vez con un amigo, que era tan inteligente como cruel, como si estos adjetivos fueran capaces de sentirse sinónimos.

Mi amigo era hombre y no aceptaba mi argumento cívico-político acerca de consider a los putos sus iguales.  

-No podemos ser iguales ante nada, apenas admito la igualdad de derechos civiles en el sentido más frío de la ley, pero no puedo convivir con ellos como pares, porque ¿sabés cual es la diferencia abismal que nos aleja?

- No, ¿Cuál?

- La diferencia es que yo paso y los veo parados ahí, y pienso que ese tipo está esperando que le partan el culo, me entendés, el culo, para ser feliz.  

 

  


Cerámica

Agosto 30, 2006

Hay días en que los que me siento toda incrustada. Muchas partes de mi cuerpo me parecen incrustaciones, y me lleva un buen rato recuperar la integridad. A veces la única manera es teniendo sexo: que alguien me toque, que alguien me recorra hambriento, mientras yo en lo único que pienso es en como cada una de las incrustaciones vuelve a refundirse en mí. No sería mala idea llamarlos mis días cerámicos.
Casi siempre empieza por los labios. Siento como si alguien hubiera amasado dos bordes plásticos y me los hubiera anexado aquí y allá. No sirve de nada tocármelos en la oscuridad. No hay caso, a través de otro aditamento –los dedos- jamás podrían volver a mí. Luego se desencadena un efecto dominó. La nariz empieza a ser un cono, y las fosas nasales dos orificios practicados con enferma precisión. Me asomo al espejo, inclino la cabeza hacia atrás y trato de ver si tiene fondo. Luego paso a los dos ojitos de muñeca, dos piedritas engarzadas con un alfiler. Las orejas, dos platos de cerámica adosados. Otra vez un orificio. Otra preocupación. Los pelos, desparramados al tuntún sobre mi cuerpo, en el pubis agregaron un poco más: paf, paf… palmaditas de artesano. ¿Si saco todos los aditamentos quién soy? Demás está decir que son días terribles. Hasta que me doy cuenta de que tengo que salir.
Cuando estamos en la cama me voy refundiendo en partes. La cama es un horno, cerámica soy. Puedo percibir la extrañeza del partenaire cuando me recorre y me ve llorar, o me ve quedarme como una gata restregada en su caricia sanadora.
En general no entienden nada. Cuando son mujeres, será por intuitivas, descubren un poco más.


Perfidias

Agosto 29, 2006

Existen personas que nos usurpan la estima. Personas que aunque se porten peor que nosotros hay que seguir respetándolas. Nos bajan la reputación y ni siquiera escondiéndonos sabemos a qué atenernos. Ante esas almas terribles nos quedamos sin palabras. Pérfidas. Es imposible saber las consecuencias que nos va a traer su charlatanería y su indiscreción. Murmuradoras. Aunque por lo general se camuflan bajo una apariencia flemática, en el menor descuido te ponen una zancadilla en seco. Personas que parecen compenetrarse en la dulzura de un hogar y que se las puede imaginar durmiendo tranquilamente envueltos en su seguridad y su bienestar. Mentiras. Por dentro la ansiedad y los anhelos los convierten en obsesivos pragmáticos. Tienen pruritos de fantasear y saben muy bien que la vida no tendría ningún sentido a no ser por cierta devoción hacia la muerte. Una oblicua tentación hacia los delitos pequeños les pudre la buena voluntad.


Merienda del espejo

Agosto 28, 2006

Fue una noche que me quedé sin café. Recuerdo que por primera vez sentí la inundación de una fiebre líquida. Se llenó mi habitación de olas y todo se volvió pura flotación. En cuanto pude secarme escribí un poema, al que sólo me animé a leer después de varios días de vergüenza y negación:

La palabra
es la masacre del silencio

La escritura
el aniquilamiento del rostro
y siempre
una confirmación irrevocable

Me consagro a la confusión
mi cuerpo
es una siembra de vapores
que pide regar y ser regado
exige confesión
y me cuenta sus horrores

Lo absuelbo
seré capaz de lamerle las heridas
de hacerme cargo de sus grietas
de su voz de aurora boreal
de sus lomas con pinares

Sin la punición
soy el defecto

En la arena
estoy inmóvil
siento que me queda
todo por nacer

Soy el rayo
una merienda del espejo
un feto en fetas


Miedos

Agosto 28, 2006

Tengo susto y me mortifico porque todo el mundo se me parece. Es una cuestión que me preocupa demasiado. Me alarma. No es sólo un problema de conciencia. En el fondo de mi conciencia yo sé que todo el mundo se parece a todo el mundo, pelo más, pelo menos. Pero sin embargo me resisto a aceptar las semejanzas. He meditado esto con calma. ¿Acaso los demás nos perciben estos parecidos? ¿No los mortifica tamaña nivelación? ¿No sufren calladamente tremendas humillaciones al ver los vicios propios en los otros? Es posible que simplemente se hayan habituado. Que la serenidad y la indiferencia que muestran sea sólo apariencia. Imperturbables. No quiero forjarme ilusiones vacías o autoengañarme. Trato de ver las dos caras de la moneda. Todas las personas tienen un asombroso parecido conmigo.


Acerca de la multiplicidad

Agosto 28, 2006

Me cuesta creer en este desierto. Sin embargo, debo: está acá y acá, todo alrededor y adentro, ineludible. El viento lacera, todo lo roe, no deja nada en pie para aferrarme. Paradójicamente, esta inmensidad me condena a la quietud, como una cárcel apretada alrededor del cuerpo, encorsetándome. Intento fundirme con la arena, desplazarme con el viento, volverme múltiple. Cómo me gustaría que cada partícula de mí descompusiera la luz en innúmeros colores. En la división de la división me volvería un dibujo borrado por el tiempo y el espacio, esas ficciones.  Pero soy lo inmóvil y más: lo inconmovible. Soy el desierto, nunca la arena.