La pena

Febrero 6, 2007

Son largos los días cuando uno espera. Por eso es mejor no esperar y cambiar de acera, ir caminando por el solcito y alejarse, dar la espalda. Se siente una liberación. Es triste, sí, dejar todo eso atrás. Pero también puede pensarse en lo dulce que es alejarse e irse rascando la pena, solo. Con el gusto de saber que la mano que rasca es la de uno


Operaciones

Septiembre 3, 2006

El libro de Shortage me hizo reflexionar sobre esto que hago todo el tiempo. Tomo con mis pinzas de extrañeza lo cotidiano, lo anestesio y lo extirpo de mí para mirarlo como a un bicho. Ahora mismo escribo sobre mis pensamientos como si le pertenecieran a otra persona, esto es, casi como si dijera que saco mi mente fuera y observo lo que pienso, pienso sobre lo que pienso. Pero no es así, sería más justo decir que tecleo sobre lo que pienso, pongo lo que pienso en la mesa de operaciones y le escribo encima, sin volver a pensarlo, en una carnicería a ciegas, para sacar todo eso de mí que parece que explota pero al final no es nada, fuegos de artificio. También hago eso con las relaciones: todo es pasado por papel (¿secante?).


Confidencial

Agosto 29, 2006

Me pregunto si la vida debe ser confidencial. Qué poner del lado de la confidencia, en todo caso. Por lo pronto mi nombre, mi sexo, mi estado civil. Con sexo, estado y confidencial podría hacer una buena broma, pero no estoy de humor. Fue una noche espantosa. Pensé que del espejo no volvía. Jamás hubiera imaginado que la frase “hay cosas de las que no se vuelve” se refiriera con exactitud a las cosas, a la más pura materialidad, ésa que es tan banal como una copia. La imagen nos aliena. Nos vemos particulizados o nos creemos integridad. Cualquiera que sea sincero consigo mismo sabe que no es así. Sólo las palabras nos pueden devolver algo de verdad. Hay días en que me apercibo coloide, imposible de uniformar. Otros días –los mejores– solución: soluto y solvente indisolubles salvo una catástrofe mayor. Pero ni en el mejor ni en el peor de los días me atrevería a soñar con un espejo que me responda sobre esta química aberrante que me turba: este tan–ser de hombre, este ser–tan de mujer.


Miedos

Agosto 28, 2006

Tengo susto y me mortifico porque todo el mundo se me parece. Es una cuestión que me preocupa demasiado. Me alarma. No es sólo un problema de conciencia. En el fondo de mi conciencia yo sé que todo el mundo se parece a todo el mundo, pelo más, pelo menos. Pero sin embargo me resisto a aceptar las semejanzas. He meditado esto con calma. ¿Acaso los demás nos perciben estos parecidos? ¿No los mortifica tamaña nivelación? ¿No sufren calladamente tremendas humillaciones al ver los vicios propios en los otros? Es posible que simplemente se hayan habituado. Que la serenidad y la indiferencia que muestran sea sólo apariencia. Imperturbables. No quiero forjarme ilusiones vacías o autoengañarme. Trato de ver las dos caras de la moneda. Todas las personas tienen un asombroso parecido conmigo.