La pena

Son largos los días cuando uno espera. Por eso es mejor no esperar y cambiar de acera, ir caminando por el solcito y alejarse, dar la espalda. Se siente una liberación. Es triste, sí, dejar todo eso atrás. Pero también puede pensarse en lo dulce que es alejarse e irse rascando la pena, solo. Con el gusto de saber que la mano que rasca es la de uno


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