Demarcación de territorio

Septiembre 21, 2006

Dormirse en la fragmentación es lo más difícil de superar. Se hace cuesta arriba coser con puntadas invisibles los retazos resecos que se deshilachan. Mis últimos días han sido de silencio abandónico. Comer tostadas y callar, fumar despacio y dejar de escribir, encerrarme a leer y rendir toda voluntad de pertenecer al mañana. Pero la rabia insana mantiene el agua tibia de la resurrección, uno se convence que en realidad se está guardando para la reapertura.  

Recordé un diálogo que tuve una vez con un amigo, que era tan inteligente como cruel, como si estos adjetivos fueran capaces de sentirse sinónimos.

Mi amigo era hombre y no aceptaba mi argumento cívico-político acerca de consider a los putos sus iguales.  

-No podemos ser iguales ante nada, apenas admito la igualdad de derechos civiles en el sentido más frío de la ley, pero no puedo convivir con ellos como pares, porque ¿sabés cual es la diferencia abismal que nos aleja?

- No, ¿Cuál?

- La diferencia es que yo paso y los veo parados ahí, y pienso que ese tipo está esperando que le partan el culo, me entendés, el culo, para ser feliz.  

 

  


Operaciones

Septiembre 3, 2006

El libro de Shortage me hizo reflexionar sobre esto que hago todo el tiempo. Tomo con mis pinzas de extrañeza lo cotidiano, lo anestesio y lo extirpo de mí para mirarlo como a un bicho. Ahora mismo escribo sobre mis pensamientos como si le pertenecieran a otra persona, esto es, casi como si dijera que saco mi mente fuera y observo lo que pienso, pienso sobre lo que pienso. Pero no es así, sería más justo decir que tecleo sobre lo que pienso, pongo lo que pienso en la mesa de operaciones y le escribo encima, sin volver a pensarlo, en una carnicería a ciegas, para sacar todo eso de mí que parece que explota pero al final no es nada, fuegos de artificio. También hago eso con las relaciones: todo es pasado por papel (¿secante?).