Estuve entrometiendo las manos en las fotos de infancia, pero nada digno aparece.
Me piden señas y digo que cierren la boca.
Sólo tengo para agregar que una de las manías más explícitas consistía en tirar de un zoquete blanco enrollado bajo del talón. Una pirueta de loro en el andar.
Ya en la madurez conservo ese gesto de tropiezo sistemático que recuerda las nervaduras de trama y urdimbre sobre la pantorilla.
Esto ejemplifica las ideas: allí sobre la molestia para luego sobre el status quo.
Septiembre 2, 2006 a las 3:14 pm
René, hay que ver cómo tu escritura me lleva a olores conocidos de otros terrenos.
Ajenos a vos, sin duda.