Perfidias

Agosto 29, 2006

Existen personas que nos usurpan la estima. Personas que aunque se porten peor que nosotros hay que seguir respetándolas. Nos bajan la reputación y ni siquiera escondiéndonos sabemos a qué atenernos. Ante esas almas terribles nos quedamos sin palabras. Pérfidas. Es imposible saber las consecuencias que nos va a traer su charlatanería y su indiscreción. Murmuradoras. Aunque por lo general se camuflan bajo una apariencia flemática, en el menor descuido te ponen una zancadilla en seco. Personas que parecen compenetrarse en la dulzura de un hogar y que se las puede imaginar durmiendo tranquilamente envueltos en su seguridad y su bienestar. Mentiras. Por dentro la ansiedad y los anhelos los convierten en obsesivos pragmáticos. Tienen pruritos de fantasear y saben muy bien que la vida no tendría ningún sentido a no ser por cierta devoción hacia la muerte. Una oblicua tentación hacia los delitos pequeños les pudre la buena voluntad.


Faltante

Agosto 29, 2006

Virilidad masculina. Y lo femenino?


Trampantojo

Agosto 29, 2006

Allí están y nada dicen. Dicen combinatorias de ello o de aquello, pero no me sueltan.
En la mañana puedo disponer unos hábitos, principios de costumbres y me dejo llevar. Algo rojo.
Será demasiado.
Ese naranja, no. Pero si lo solapara con el verde, profundamente me confundiría con el empapelado. Exito a escala victoriana o posterior, incompatible con casi todos los cuartos menos este.
Maringold es un himno a un cardo, a una yerbera o todo lo que desfile en mi ignorancia sobre las flores. Pero solo las más tiesas se dejan retratar por el antojo de un taxidermista estético y entonces comienzo a pensar de la cintura para abajo sobre qué me puede faltar.


Confidencial

Agosto 29, 2006

Me pregunto si la vida debe ser confidencial. Qué poner del lado de la confidencia, en todo caso. Por lo pronto mi nombre, mi sexo, mi estado civil. Con sexo, estado y confidencial podría hacer una buena broma, pero no estoy de humor. Fue una noche espantosa. Pensé que del espejo no volvía. Jamás hubiera imaginado que la frase “hay cosas de las que no se vuelve” se refiriera con exactitud a las cosas, a la más pura materialidad, ésa que es tan banal como una copia. La imagen nos aliena. Nos vemos particulizados o nos creemos integridad. Cualquiera que sea sincero consigo mismo sabe que no es así. Sólo las palabras nos pueden devolver algo de verdad. Hay días en que me apercibo coloide, imposible de uniformar. Otros días –los mejores– solución: soluto y solvente indisolubles salvo una catástrofe mayor. Pero ni en el mejor ni en el peor de los días me atrevería a soñar con un espejo que me responda sobre esta química aberrante que me turba: este tan–ser de hombre, este ser–tan de mujer.