Merienda del espejo

Agosto 28, 2006

Fue una noche que me quedé sin café. Recuerdo que por primera vez sentí la inundación de una fiebre líquida. Se llenó mi habitación de olas y todo se volvió pura flotación. En cuanto pude secarme escribí un poema, al que sólo me animé a leer después de varios días de vergüenza y negación:

La palabra
es la masacre del silencio

La escritura
el aniquilamiento del rostro
y siempre
una confirmación irrevocable

Me consagro a la confusión
mi cuerpo
es una siembra de vapores
que pide regar y ser regado
exige confesión
y me cuenta sus horrores

Lo absuelbo
seré capaz de lamerle las heridas
de hacerme cargo de sus grietas
de su voz de aurora boreal
de sus lomas con pinares

Sin la punición
soy el defecto

En la arena
estoy inmóvil
siento que me queda
todo por nacer

Soy el rayo
una merienda del espejo
un feto en fetas


Miedos

Agosto 28, 2006

Tengo susto y me mortifico porque todo el mundo se me parece. Es una cuestión que me preocupa demasiado. Me alarma. No es sólo un problema de conciencia. En el fondo de mi conciencia yo sé que todo el mundo se parece a todo el mundo, pelo más, pelo menos. Pero sin embargo me resisto a aceptar las semejanzas. He meditado esto con calma. ¿Acaso los demás nos perciben estos parecidos? ¿No los mortifica tamaña nivelación? ¿No sufren calladamente tremendas humillaciones al ver los vicios propios en los otros? Es posible que simplemente se hayan habituado. Que la serenidad y la indiferencia que muestran sea sólo apariencia. Imperturbables. No quiero forjarme ilusiones vacías o autoengañarme. Trato de ver las dos caras de la moneda. Todas las personas tienen un asombroso parecido conmigo.


Acerca de la multiplicidad

Agosto 28, 2006

Me cuesta creer en este desierto. Sin embargo, debo: está acá y acá, todo alrededor y adentro, ineludible. El viento lacera, todo lo roe, no deja nada en pie para aferrarme. Paradójicamente, esta inmensidad me condena a la quietud, como una cárcel apretada alrededor del cuerpo, encorsetándome. Intento fundirme con la arena, desplazarme con el viento, volverme múltiple. Cómo me gustaría que cada partícula de mí descompusiera la luz en innúmeros colores. En la división de la división me volvería un dibujo borrado por el tiempo y el espacio, esas ficciones.  Pero soy lo inmóvil y más: lo inconmovible. Soy el desierto, nunca la arena.