Agosto 31, 2006
En estos días estoy leyendo un librito sorprendente.
“Panic Attack. Historia breve de la estupidez y otras tendencias humanas” de Lester Shortage, que prometo ir traduciendo con dificultad y en la medida de mis posibilidades.
Precisamente en el prólogo, a cargo de Leticia Braund, aparecen leves datos del autor, quién como otros, ha decidido mantenerse al margen de toda espectativa en cuanto a su vida privada. Justamente a la inversa de mis propósitos.
Ante la urgencia de no perder este dato, transcribo un párrafo en el idioma original:
…”Whereas for most writers a novel begins to grow and to take life during the process of writing, this process for Lester Shortage is merely the stage execution of the already highly perfected design. Rather than trying to create the illusion that art is life, he prefers to emphasize the novel’s mode of existence -and its insertion into life- as an artifact, a product of the human mind, a response of the human intelligence, seeking meaning in order, to the challenge of life with its neutral complexity, infinity and chaos.”…
La novela como vida, la vida como novela. No está mal. O sí?
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Escrito por René
Agosto 30, 2006
Hay días en que los que me siento toda incrustada. Muchas partes de mi cuerpo me parecen incrustaciones, y me lleva un buen rato recuperar la integridad. A veces la única manera es teniendo sexo: que alguien me toque, que alguien me recorra hambriento, mientras yo en lo único que pienso es en como cada una de las incrustaciones vuelve a refundirse en mí. No sería mala idea llamarlos mis días cerámicos.
Casi siempre empieza por los labios. Siento como si alguien hubiera amasado dos bordes plásticos y me los hubiera anexado aquí y allá. No sirve de nada tocármelos en la oscuridad. No hay caso, a través de otro aditamento –los dedos- jamás podrían volver a mí. Luego se desencadena un efecto dominó. La nariz empieza a ser un cono, y las fosas nasales dos orificios practicados con enferma precisión. Me asomo al espejo, inclino la cabeza hacia atrás y trato de ver si tiene fondo. Luego paso a los dos ojitos de muñeca, dos piedritas engarzadas con un alfiler. Las orejas, dos platos de cerámica adosados. Otra vez un orificio. Otra preocupación. Los pelos, desparramados al tuntún sobre mi cuerpo, en el pubis agregaron un poco más: paf, paf… palmaditas de artesano. ¿Si saco todos los aditamentos quién soy? Demás está decir que son días terribles. Hasta que me doy cuenta de que tengo que salir.
Cuando estamos en la cama me voy refundiendo en partes. La cama es un horno, cerámica soy. Puedo percibir la extrañeza del partenaire cuando me recorre y me ve llorar, o me ve quedarme como una gata restregada en su caricia sanadora.
En general no entienden nada. Cuando son mujeres, será por intuitivas, descubren un poco más.
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Escrito por René
Agosto 29, 2006
Existen personas que nos usurpan la estima. Personas que aunque se porten peor que nosotros hay que seguir respetándolas. Nos bajan la reputación y ni siquiera escondiéndonos sabemos a qué atenernos. Ante esas almas terribles nos quedamos sin palabras. Pérfidas. Es imposible saber las consecuencias que nos va a traer su charlatanería y su indiscreción. Murmuradoras. Aunque por lo general se camuflan bajo una apariencia flemática, en el menor descuido te ponen una zancadilla en seco. Personas que parecen compenetrarse en la dulzura de un hogar y que se las puede imaginar durmiendo tranquilamente envueltos en su seguridad y su bienestar. Mentiras. Por dentro la ansiedad y los anhelos los convierten en obsesivos pragmáticos. Tienen pruritos de fantasear y saben muy bien que la vida no tendría ningún sentido a no ser por cierta devoción hacia la muerte. Una oblicua tentación hacia los delitos pequeños les pudre la buena voluntad.
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Escrito por René
Agosto 29, 2006
Me pregunto si la vida debe ser confidencial. Qué poner del lado de la confidencia, en todo caso. Por lo pronto mi nombre, mi sexo, mi estado civil. Con sexo, estado y confidencial podría hacer una buena broma, pero no estoy de humor. Fue una noche espantosa. Pensé que del espejo no volvía. Jamás hubiera imaginado que la frase “hay cosas de las que no se vuelve” se refiriera con exactitud a las cosas, a la más pura materialidad, ésa que es tan banal como una copia. La imagen nos aliena. Nos vemos particulizados o nos creemos integridad. Cualquiera que sea sincero consigo mismo sabe que no es así. Sólo las palabras nos pueden devolver algo de verdad. Hay días en que me apercibo coloide, imposible de uniformar. Otros días –los mejores– solución: soluto y solvente indisolubles salvo una catástrofe mayor. Pero ni en el mejor ni en el peor de los días me atrevería a soñar con un espejo que me responda sobre esta química aberrante que me turba: este tan–ser de hombre, este ser–tan de mujer.
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La vida |
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Escrito por René
Agosto 28, 2006
Fue una noche que me quedé sin café. Recuerdo que por primera vez sentí la inundación de una fiebre líquida. Se llenó mi habitación de olas y todo se volvió pura flotación. En cuanto pude secarme escribí un poema, al que sólo me animé a leer después de varios días de vergüenza y negación:
La palabra
es la masacre del silencio
La escritura
el aniquilamiento del rostro
y siempre
una confirmación irrevocable
Me consagro a la confusión
mi cuerpo
es una siembra de vapores
que pide regar y ser regado
exige confesión
y me cuenta sus horrores
Lo absuelbo
seré capaz de lamerle las heridas
de hacerme cargo de sus grietas
de su voz de aurora boreal
de sus lomas con pinares
Sin la punición
soy el defecto
En la arena
estoy inmóvil
siento que me queda
todo por nacer
Soy el rayo
una merienda del espejo
un feto en fetas
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Escrito por René
Agosto 28, 2006
Me cuesta creer en este desierto. Sin embargo, debo: está acá y acá, todo alrededor y adentro, ineludible. El viento lacera, todo lo roe, no deja nada en pie para aferrarme. Paradójicamente, esta inmensidad me condena a la quietud, como una cárcel apretada alrededor del cuerpo, encorsetándome. Intento fundirme con la arena, desplazarme con el viento, volverme múltiple. Cómo me gustaría que cada partícula de mí descompusiera la luz en innúmeros colores. En la división de la división me volvería un dibujo borrado por el tiempo y el espacio, esas ficciones. Pero soy lo inmóvil y más: lo inconmovible. Soy el desierto, nunca la arena.
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Escrito por René